domingo, 29 de septiembre de 2013

Palabras mojadas

Esta mañana me he despertado llorando y no ha sido por una pesadilla. He abierto los ojos, como cada mañana, sobre las 8:30 y un minúsculo rayo de luz entraba por el ventanal de mi habitación. Los niños corrían por los pasillos gritando y un aroma a café se colaba por debajo de la puerta gritando mi nombre. Es domingo, día de descanso. Pero todos sabemos que los domingos son los días raros de la semana. Dejamos atrás los días restantes, hayan sido buenos o malos y nos preparamos para empezar la semana. Puede que sea un día de resaca, después de una noche de locura y fantasía tan divertida que te despiertas en una nube. O puede que hayas madrugado, visto salir el sol y disfrutar de un desayuno con toda la familia. Sea cual sea tu domingo, todos sabemos que es el día de las parejas por excelencia. En la mayoría de las ciudades las tiendas permanecen cerradas y no hay mucho que hacer. Ahora con el otoño apetece quedarse en casa, viendo una película, comiendo palomitas y teniendo cerca a esa persona que te hace volar cada vez que te mira.

Hoy me he despertado llorando y ha sido por eso. Porque es domingo, porque llueve, hace frío, los niños no me dejan dormir...y me he dado cuenta de que no podré ver una película, comiendo palomitas con alguien especial. Y sentirme la persona más querida del mundo y más afortunada. Porque eso es lo que sentimos cuando estamos enamorados. Hoy daré una vuelta por París, visitaré el Louvre, tomaré un café frente a Notre Dame y veré a millones de turistas cargados con "capturadores de recuerdos". Muchos podréis pensar que este plan es mucho mejor que el del típico domingo, pero eso porque no creéis en el amor, o mejor dicho, ahora mismo no lo necesitáis. Pero yo si. No es que lo quiera, es que lo necesito. Necesito caricias, besos, miradas de complicidad, peleas, pasión, risas, celos...Mi cuerpo lo añora y mi alma me lo pide a gritos.

Y te preguntas, ¿es el reloj biológico el que hace aflorar esas necesidades? ¿es la ciudad del amor? ¿son las películas de romance que devoras, junto con las palomitas, los solitarios domingos de Septiembre? La respuesta es no, nada de eso.

Son las experiencias de la vida y el pasado. Con mucha suerte he vivido experiencias maravillosas, con pareja, sin pareja, con amigos, sin amigos..He estudiado, he estado en pareja, he viajado, he trabajado, he soñado, he llorado por la ruptura (y mucho),he salido de fiesta, me han despedido, me he emborrachado, he bailado, he reído a carcajadas, he amado, he rechazado, he conocido y, sobre todo, he sido ERASMUS. Y lo pongo en mayúscula porque es la clave de mis llantos. Después de un año de fiestas, tíos guapos, amigos de todo el mundo, amaneceres en el metro, días tirada en la cama, viajes improvisados...después de todo eso, maduras. Y lo haces a la velocidad de la luz. Y todo lo que recientemente has vivido te parece un sueño y, sinceramente, no lo volverías a repetir porque no aguantarías el ritmo. ¿Serán los 25 que ya pesan? Son las experiencias las que pesan, las locuras y no saber qué va a pasar. Todo eso está muy bien durante un tiempo, pero un día, de repente, te das cuenta de que quieras una estabilidad en tu vida, una rutina, eso que hasta ahora odiabas y detestabas. Necesitas un horario, planear tu vida, al menos por ahora. Necesitas arrumacos por las mañanas, desayunos camino del trabajo, cenas tranquilas con los amigos, ir al teatro, disfrutar de un buen vino...Y todo eso llegará. He intentemos disfrutarlo al máximo porque una vez que te acostumbres, tengas todo eso, tu novio, tu casa, tu trabajo, tus rutinas...un día te despertarás y llorarás. Y será porque necesitas otro Erasmus.

No hay comentarios:

Publicar un comentario